Nací en La Paz, un 12 de agosto de 1953, en un hogar donde la historia y la cultura eran parte del aire que se respiraba. Desde joven supe que mi pasión era contar —contar lo que somos, lo que fuimos, y quizás también lo que podríamos ser. Por eso, durante muchos años, me dediqué al periodismo, a la investigación histórica, a los medios. Pensé que desde ahí podía contribuir al país, ayudando a construir una memoria crítica ya defender la verdad como principio.
Pero la historia, esa que tanto estudié, también me puso en el centro de sus giros inesperados. En 2002 aceptó acompañar a Gonzalo Sánchez de Lozada como su vicepresidente. No fue una decisión fácil, y tampoco lo fue lo que vino después. Cuando estalló la crisis del gas, vi cómo el país se desgarraba. En octubre de 2003, asumió la presidencia en medio del dolor, la desconfianza y la desesperanza. No llegué al poder por ambición, sino por responsabilidad.
Durante mi breve gobierno intenté ser un puente: entre regiones, entre visiones, entre el pasado y un futuro distinto. Aposté por una democracia deliberativa, por un referéndum sobre los hidrocarburos, por una Asamblea Constituyente. Pero también enfrenté una realidad dura: intereses cruzados, presiones múltiples, desbordes sociales. Finalmente, el 9 de junio de 2005, renunció. Lo hice convencido de que no debía aferrarme al poder si ya no era posible construir gobernabilidad desde él.
Después de la presidencia volvió a mis raíces: la historia, la palabra, el análisis. Pero el país me volvió a llamar. En 2019, me presenté como candidato a la presidencia por la alianza Comunidad Ciudadana. Fue una campaña difícil, intensa, marcada por la controversia y una crisis política sin precedentes. Volví a postular en 2020, convencido de que la democracia debía seguir siendo el camino, aún en la incertidumbre.
Más allá de los resultados electorales, sigo creyendo que la política debe tener un alma ética. Sigo escribiendo, debatiendo, caminando por las calles del país que tanto quiero, con la convicción de que el poder no es un fin, sino una oportunidad para servir.
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