"Infinito y absoluto como origen de los principios eternos... tal es el punto desde el cual ha brotado mi conciencia, y la doctrina liberal que profeso no hace sino nutrirse de ello. He creído siempre que la libertad y la razón no son meros adornos de la política o de la filosofía: son la médula misma del ser humano.
He escrito con vehemencia sobre el
gobierno de la sociedad, convencido de que los Estados libres no necesitan más
que de sí mismos para conducirse. La verdadera ley nace de la Razón Universal, ese principio
imperecedero que, al ser comprendido, no requiere de fuerza externa para ser
obedecido. La autoridad no se impone; se reconoce cuando se alinea con la
verdad.
Todos los hombres somos igualmente libres
y responsables, pues la moral no discrimina: nos llama a todos por igual a
responder ante ella. La verdadera igualdad no es material, sino ética: está en
el derecho —y el deber— de ejercer la libertad para hacer el bien.
Y no hablo de libertad como consigna
vacía. La libertad es el reflejo de Dios en nosotros. Nos hizo a su imagen no
por nuestro rostro, sino por nuestra conciencia, por nuestra capacidad de
elegir con sentido hacia un fin eterno. Por eso afirmo: la tiranía no es sólo
un crimen político, es una blasfemia.
La violencia puede silenciar los labios,
pero deja intacta el alma, que aún puede resistir. Más peligroso es el
envilecimiento: cuando se corrompe el alma, cuando se adormece la conciencia,
se asesina el espíritu mismo de la libertad.
Mi obra La Razón Universal, publicada en Barcelona, fue un intento por
darle forma a este pensamiento. Llegó a Bolivia en tiempos convulsos —la
Revolución Federal, la Guerra del Acre— y cayó luego en el olvido. Pero no me
duele eso. Me basta saber que hubo quienes supieron verla, como Manfredo
Kempff, que la llamó una de las obras más profundas de la filosofía
continental.
Dejé también una obra inacabada, quizá
perdida: Teoría Metafísica de la Moral.
Y aun así, no me inquieta el polvo. Lo que importa no es que me recuerden, sino
que persista la idea: que los pueblos no nacen para ser gobernados como
rebaños, sino para conducirse como espíritus libres.
Y si alguien me preguntara cuál fue mi
mayor legado, respondería con humildad: haber sostenido, incluso en silencio,
que la razón y la libertad no se negocian, porque son el alma misma del ser
humano."
Romiari reta/ Parlasiñani/ Parlakuy
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