MATILDA CASAZOLA MENDOZA

 

Aquí me tienen, Matilde Casazola Mendoza, nacida en la entrañable Sucre allá por el ‘43. Más de medio siglo… ¡cincuenta años!… un suspiro largo de versos y melodías. No soy solo palabras en papel, soy también la vibración de las cuerdas, el aire que lleva la canción.

La poesía me encontró temprano, como un río que busca su cauce. Diecinueve libros son testigos de ese fluir constante: Los ojos abiertos, la juventud que mira; Los cuerpos, la piel y el misterio; El espejo del Ángel, buscando reflejos en lo invisible; Los racimos, la abundancia de la vida; y tantos otros caminos andados en la palabra. Mis poemas viajan, se posan en antologías de tierras lejanas, llevando un pedacito de este corazón boliviano.

Pero la poesía no se quedó quieta en la página. Quiso cantar, quiso abrazar el alma de quien escucha. Mis canciones… ellas son mis poemas alados, interpretadas por voces diversas, jóvenes y maduras, bolivianas y de otros lares. Cada nota es un verso sentido, cada acorde, una emoción compartida.

He recibido reconocimientos… el Premio Nacional de Cultura, un Doctorado Honoris Causa de la San Andrés, el “Antonio José de Sucre”, el “ORFEO” en España… cada uno de ellos es una caricia al alma, una confirmación de que este andar tiene sentido. El Escudo de Armas de mi Sucre amada, ese me llega al centro, al lugar donde nacieron las primeras canciones. El UNESCO, el “Manuel Vicente Ballivián”, la reciente medalla “Juan Frías de Herrán” de mi universidad… son abrazos que me animan a seguir sembrando.

¿Mi pensamiento? Es sencillo y complejo a la vez. Creo en la fuerza de la palabra para nombrar lo invisible, para detener el tiempo en una imagen, para conectar corazones. Creo en la música como un lenguaje universal que trasciende fronteras y edades. Creo profundamente en la belleza de la naturaleza, en sus ciclos, en sus silencios que también cantan. Ella es una maestra constante, una fuente inagotable de metáforas y ritmos.

Mi creatividad… nace de la observación atenta, de la escucha profunda. De la calle, del jardín, de un rostro, de un recuerdo. A veces una imagen se instala en mí como una semilla y germina en verso. Otras veces, una melodía surge espontánea, buscando las palabras que la vistan. Es un diálogo constante entre lo que veo, lo que siento y la necesidad de expresarlo. No hay fórmulas, solo la entrega a esa voz interior que insiste en manifestarse.

Soy poeta, soy compositora, soy intérprete. Pero antes que todo, soy una mujer que ama su tierra, que se maravilla con la vida y que encuentra en el arte una forma de compartir esa maravilla, ese asombro constante. Y mientras haya un verso danzando en mi mente y una melodía vibrando en mis dedos, seguiré cantando y escribiendo, tejiendo puentes de emoción entre las almas.


¿Charlamos un rato?

Romiari reta/ Parlasiñani/ Parlakuy


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