Viví en una época donde se hablaba de
civilización y barbarie como si fueran opuestos eternos. Pero yo no creía en
esos absolutos. Prefería pensar que todo ser humano, por humilde que sea su
cuna, guarda dentro de sí una chispa de luz, esperando ser encendida por la
educación.
Por eso crucé las fronteras del país, rumbo
a Buenos Aires, no por desprecio a mi tierra, sino para poder trabajar sin las
cadenas del olvido y la indiferencia. Allí me hice maestro, el primero con
título, y propuse una pedagogía nueva, humanística, más digna del hombre.
Escribí más de 40 ensayos. Soñaba con
transformar la Escuela Normal en un templo del pensamiento libre, donde los
niños aprendieran a ser mejores, no sólo más obedientes. Me adelanté a mi
tiempo, lo sé. Y como a tantos otros, el silencio de la historia me envolvió.
No sabía que era de ese lugar
ReplyDelete